martes, 30 de agosto de 2016

El archivo de Quinquela. Fotos y recortes del Riachuelo

 


El Licenciado Carlos Gradin nos presenta este artículo que recorre la vida diaria del área de La Boca y el Riachuelo desde el archivo personal de fotografías de Benito Quinquela Martín. Esta nota fue publicada originalmente en la publicación de la Autoridad de Cuenca Matanza Riachuelo (Acumar) titulada "El Riachuelo de Benito Quinquela Martín".
Reproducida con permiso del autor.



El archivo de Quinquela. Fotos y recortes del Riachuelo
por Carlos Gradin (www.acumar.gov.ar/)
Versión original en PDF

Carlos Gradin es Licenciado en Letras (UBA), escritor y periodista. Trabaja en la Coordinación de Comunicación e Información Pública de ACUMAR. Escribió diversos ensayos y artículos sobre arte y tecnología en Argentina, y sobre diversos temas relacionados con el Riachuelo. Integra el colectivo Expediciones a Puerto Piojo dedicado a recuperar la “historia de la última playa de Buenos Aires”, ubicada junto a la desembocadura de este río. En 2011 publicó el libro de poesía (spam), y actualmente está terminando su tesis de Doctorado (UBA). 

Todas las fotografías incluidas en esta sección pertenecen al Archivo del Museo de Bellas Artes de Artistas Argentinos Benito Quinquela Martín.

En uno de los papeles más antiguos del archivo de Quinquela, un cronista de la revista Fray Mocho descubre al pintor, todavía desconocido, empastando cartones en la ribera del Riachuelo.
Como dice Víctor Fernández, Director del Museo de La Boca, el archivo personal de Quinquela refleja los cambios sucesivos en la vida del pintor. Aquella memoria familiar, hecha de los primeros recortes de notas aparecidas en los diarios, junto a las fotos de sus padres y amigos en su atélier, iba a dar lugar a una toma de consciencia sobre la importancia que adquiría su obra. 
Las fotografías se vuelven más profesionales, provenientes de viajes y recepciones en galerías de Europa y Estados Unidos.
Pero con el tiempo, el archivo también empezaría a incluir notas de la municipalidad, pedidos de reuniones con funcionarios y demás documentos sobre las gestiones de Quinquela en los años en que fue construyendo los edificios de su complejo educativo, social y cultural en La Boca, siempre frente al río.
Las series de fotografías documentan el avance de estas obras, desde los terrenos donde fueron proyectadas hasta las fiestas de inauguración. Entre catálogos de muestras, reseñas de sus pinturas y noticias de sus viajes por el mundo, el archivo de Quinquela se convierte, además, en la memoria de una institución como el Museo de Bellas Artes, con sus reuniones con funcionarios y la compra de los cuadros que compondrían su patrimonio.
Así, la vida de Quinquela acaba fundiéndose con la del barrio y las instituciones creadas por él. El mismo Quinquela se trasladó a vivir en los altos del Museo, con sus ventanales abiertos al puerto del Riachuelo, mientras las ceremonias de la Orden del Tornillo, con sus cenas de premiación, sus brindis y discursos, incluidos en el archivo en forma de fotografías y notas de prensa, acabarían consolidando otra dimensión de su vida: la de un anfitrión permanente, un esmerado relacionista, capaz de invitar a sus reuniones a personajes tan dispares como Tita Merello, el navegante Vito Dumas o el ex-presidente de Indonesia, Achmed Sukarno.
Vestido con traje de almirante en esas cenas, Quinquela era un embajador honorario de la República de La Boca, extendiendo lazos de amistad con el resto del mundo.
Entre tanto, el Riachuelo era el telón de fondo de esos eventos, con los que Quinquela armó un gran álbum de fotos, poblado de festejos, registro de obras públicas y retratos, reunidos en carpetas tituladas “Marina”, “Barcos”, “Puerto”, “Inundaciones”...
En ellos, Quinquela reunió fotos de autoridades haciendo fila para dar discursos de agradecimiento. Y de viejos trabajadores homenajeados por su vida dedicada al puerto. O de participantes amontonados para subirse a los barcos de una procesión náutica.
Actos en recuerdo de marineros fallecidos tras el hundimiento de un buque. Actos por la declaración de “Lugar histórico” de Vuelta de Rocha. Y por la instalación del busto del Almirante Brown. En el archivo se suceden las escenas de un barrio que crece de cara al río, entre aglomeraciones, fuegos artificiales y fogatas de San Juan.
Pero también hay una carpeta de fotos de inundaciones, reunidas a lo largo de más de sesenta años, con sus postales de calles cubiertas de agua, vecinos en botes y guardias civiles acercándose a ayudar. Y otra de retratos del cementerio de barcos, con sus quillas abiertas y los armazones herrumbrados, que pasaron casi todo el siglo XX acumulándose en las márgenes de Barracas y La Boca.
Cuando en los ‘50 empiezan a multiplicarse las notas de revistas argentinas y del extranjero sobre este barrio “pintoresco, bohemio y marginal”, Quinquela también las incorpora a su archivo.
El resultado es una colección de imágenes de la vida de Quinquela mientras ésta va fundiéndose con la historia del río.
Estas son las fotos que elegimos publicar, fotos de un Riachuelo que despertaba en Quinquela una atracción tan grande como para dedicarle una vida entera a pintarlo pero, también, a reunir imágenes donde sus propios recuerdos se continúan, sin solución de continuidad, con los de aquél.
Hoy el puerto de La Boca es un paisaje solo presente en antiguas fotografías y postales, aunque al acercarse a las orillas aún subsistan sus marcas, muchas de ellas dejadas allí por Quinquela, o en hitos desperdigados, como los viejos galpones de astilleros y depósitos, los comercios dedicados a la venta de eslingas y otros aparejos, o a los servicios de buceo.
En uno de los recortes guardados en su archivo, un cronista pasea por el río hasta detenerse en la Plazoleta de los Suspiros, donde se queda charlando con un viejo marino que le habla de los tiempos en que hasta allí se acercaban las mujeres a despedir a los hombres que partían en sus barcos.
Con el tiempo, los álbumes de Quinquela se convirtieron en una memoria del Riachuelo y, sobre todo, de las emociones que supo despertar en quienes se acercaban a contemplarlo, como lo hacían los pintores asomados al borde de la ciudad, y como lo hacen casi todos los protagonistas de estas fotos.



Entrada de La Boca del Riachuelo. 1890


 “El Drumond” en Vuelta de Rocha. 1948


Vuelta de Rocha. Sin Fecha.
“La Boca es un canto que de día tiene un acompañamiento de guinches y de sirenas en la fecunda brega portuaria. De noche, cuando la tarde ha dejado su última claridad entre las sombras de las calles, y al colorido de las paredes lo envuelve un aire enlutado, suenan los acordeones, se oyen ‘canzonetas’, vuelve la vida a las venas del barrio y se escapa el sueño de las gentes junto al Riachuelo”. “El río, con sus aguas quietas y sus desolados barcos, erguidos sobre sus cascos, que desafían la piel de la noche y las aguas sin olas bajo la luz amarillenta del puente Avellaneda, es como el corazón de este vecindario”. 
“Un día en el barrio de la Boca”. La Nación, 5 de abril de 1964


Procesión náutica de San Juan Evangelista. 1939.
“En esa plazoleta donde el Riachuelo y su fiel compañera -la calle Pedro de Mendoza- doblan hacia el este, no es difícil hallar a viejos marinos que contemplan con nostalgia el partir y regresar de los barcos. Barcos de nombres que son recuerdos de mujeres o patrias lejanas: ‘Cara Anna’, ‘La Golondrina’, ‘Liguris’, ‘La Lucía’. Otros, de reminiscencias operísticas: ‘La forza del destino’”. Revista Imagen, agosto de 1965


Vuelta de Rocha. 1952.
“Quinquela Martín (...) conoce el caserío que se estira a lo largo de los diques, con sus “barberías”, conciertos cosmopolitas y “recreos”, donde el “bagre al chupín” comparte su cetro con el Conte Rosso; y conoce el inmenso puente negro, mudo testigo de aquel largo y continuo desfile, y sabe distinguir el espíritu que lleva el alma, hasta el pecho del marino, que canta en la noche una antigua canción rusa, o renueva en sus notas el recuerdo de la madre Francia”.
La Razón, 1918.


Procesión náutica de San Juan Evangelista. 1939.


Procesión náutica de San Juan Evangelista. 1939.


Martín Rodríguez y Pedro de Mendoza. Sin fecha.


Lamadrid e Iberlucea. 1938.


Las inundaciones de La Boca fueron parte de la vida cotidiana de sus habitantes hasta 1998, cuando el Gobierno de la Ciudad terminó las obras de ingeniería en la Avenida Pedro de Mendoza. Desde entonces, los desbordes del Riachuelo son contenidos mediante un sistema de bombas hidráulicas construidas bajo la rambla, elevada en altura, para almacenar el agua de las crecientes en depósitos subterráneos, antes de desbordarse en las calles y alcantarillas, y ser devuelta al río una vez disminuido su nivel.


Brown y Mendoza. 1938.


Palos y Lamadrid. 1940.


Inauguración de Caminito, frente al Riachuelo. 1959


Público frente a la Fragata Sarmiento. 1948.
La Semana del Mar fue una de las celebraciones más importantes de La Boca, organizada por la Liga Naval Argentina, con la participación de organismos oficiales y agrupaciones del barrio reunidos en un lugar considerado como “la cuna de la navegación en nuestras aguas”, según una crónica de la época. Con el Riachuelo y la Vuelta de Rocha como escenario, la Semana del Mar incluía desfiles de batallones, procesiones náuticas, regatas, exhibiciones de embarcaciones, misas, discursos de autoridades y entregas de premios a hombres del puerto, obreros marítimos y portuarios, entre otros eventos que reunían multitudes en el puerto y sus alrededores.


Feria Municipal en Vuelta de Rocha. 1938
“Yo he vivido, he sufrido, he jugado en la calle; tengo por la calle un amor extraordinario, intenso, profundo. La calle da la sensación de una gran libertad, de la cual yo gozaba con toda amplitud. Nadie sabe, sino los muchachos de aquellos  tiempos, lo que era apoderarse de la calle. He jugado en la calle a todo lo que hay que jugar”.
“¿Cuál es su origen? Responde el popularísimo Quinquela”.
Jornada, 26 de septiembre de 1931


Día de San Martín. Reunión de gauchos en Vuelta de Rocha. 1945
“El desfile, la marcha de los gauchos, comenzó al atardecer. Los 200 jinetes dejaron el Riachuelo. (...) La columna fue desdibujándose a lo largo de la calle Pedro de Mendoza. Se iban los integrantes de la manifestación tradicional. Se iban como se fue Don Segundo Sombra, hacia un horizonte limpio, en busca de amor y libertad. Y en el busto de San Martín quedaron dos ramos de flores, enlazados como símbolo del contenido y la expresión de la fiesta: uno de los gauchos y otro de los pescadores de La Boca”.
“Realizóse ayer un desfile gauchesco en Homenaje al General San Martín”.
La Nación, domingo 19 de agosto de 1945.


Fuegos artificiales “a bordo”. Feria Municipal. 1938
“Barrio bravo y sentimental, internacional y criollo, temible y hospitalario, donde lo cotidiano tiene siempre algo de aventura y donde lo descomunal o desmedido –la goleada, el arrebato pasional que ciega, el rasgo heroico, la compadrada o la gauchada– es el clima elemental de su vivir corriente”.
Revista Aquí está, mayo de 1945


Construcción del Puente Brown (Nuevo Puente Avellaneda), 1939.


Viejo Puente de Barracas. Sin fecha.


Vista bajo el Nuevo Puente Avellaneda. 1948.


Quinquela y el poeta Bartolomé Botto en el puerto. 1934.


“Quinquela en un paseo fluvial por el Tigre”
“Su habitación-atelier está en el cuarto piso, y la pared que mira hacia el puerto es totalmente de vidrio, lo que permite contemplar de un golpe el panorama del Puerto Viejo. Tratando en lo posible de no afectar sus sentimientos, comencé a hablar poco a poco sobre la nostalgia que siempre he captado en sus pinturas. Él me escuchó en silencio, y levantándose lentamente me invitó a acercarme al ventanal para contemplar el puerto, diciéndome: -Allí está la poesía; nada hay que me haga sentir tanta nostalgia como los barcos. - Y dirigió su rostro apacible hacia el puerto, contemplando el río azul negruzco con ojos velados por el ensueño. Seguí con mi vista la dirección de su mirada y quedé asombrado por los innumerables barcos estacionados en el puerto. No fue su cantidad lo que me asombró, sino los colores. ¡Allí estaban los mismos rojos y los mismos verdes que yo había visto momentos antes en las aulas de su escuela! - Yo los pinté - me contestó - es tan agradable embellecer el puerto…”
“Quinquela, el artista de la nostalgia”. Isao Yamasaki. 
Revista Kaizo. Japón, marzo de 1953. Traducido por Kazu Takeda


Revista Claudia. Noviembre de 1960


Cementerio de barcos de La Boca y Barracas.
“Cada barco, o grupo de barcos, se individualiza, tiene personalidad propia: desde el gigante armatoste que, en el astillero, representa el embrión de una nave, hasta la trágica chata que aparece medio sumida ya en las aguas tranquilas de un rincón del puerto. Hay barcos que descansan, que se diría que duermen en la noche azul, profunda y constelada de lucecillas; otros que se desperezan en las largas horas calurosas de la siesta. Algunos son los centros enormes de actividad de un trepidante hormiguero humano, humeante en la ciclópea tarea de la descarga. Otros tienen líneas aristocráticas, perfilan elegantes su velamen sobre cielos crepusculares de un romanticismo neurasténico”.
Comentario sobre una muestra de Quinquela.
La Nación, 6 de noviembre de 1918.





Procesión náutica. 1975.


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