sábado, 24 de septiembre de 2016

Perdido para siempre: Arquitectura de Buenos Aires que desearíamos haber visto



Traducción de la nota Gone Forever: Buenos Aires Architecture We Wish We Could Have Seen publicada en la página web de "The Bubble".



Perdido para siempre: Arquitectura de Buenos Aires que desearíamos haber visto
Traducción de esta nota


Mucha de la arquitectura de la ciudad de Buenos Aires se ha perdido para siempre durante los años debido a la expansión urbana y a la falta de leyes de conservación. Aquí están algunos de los ejemplos más notables.

La ciudad de Buenos Aires tiene una antigua mezcla de estilos eclécticos, con arquitectura que rivaliza con las capitales Europeas más icónicas intercalada con edificios modernos mucho menos impresionantes. Mientras nos maravilla el eclectismo del Palacio Barolo o la majestuosidad del estilo Beaux Arts de edificios como el Palacio San Martín, es imposible no imaginar si la capital de Argentina alguna vez no fue completamente así.
¿La respuesta corta? Sí. Una buena parte de la ciudad fue así de imponente pero las razones para la desaparición de mucha de esta herencia varían: desde la falta de leyes de conservación hasta grandes obras públicas, como la expansión de la Avenida 9 de Julio y la creación de la Autopista 25 de Mayo. Las pérdidas son demasiado grandes para contarlas, pero aquí hay cuatro que encontramos particularmente notables.

Pabellón Argentino (Demolido en 1932)
La Feria Mundial era un asunto importante hacia finales del siglo XIX y comienzos del XX, donde los países gastaban enormes cantidades de dinero en edificios, muchas veces inútiles, solo por cuestiones de prestigio. Para la Feria Mundial de París de 1889 Argentina era un país joven, próspero en crecimiento y que mejor manera de demostrarlo que unirse al club de las naciones de elite que se presentaban. Aunque no tan impresionante como la Torre Eiffel, que también fue construida para la Feria, el pabellón demostró ser un éxito y el edificio entero fue llevado a la capital Argentina una vez concluida la expo.
Para 1910 fue re abierto como Museo de Bellas Artes (ahora en la Recoleta) para los festejos del centenario de la Revolución de Mayo, que casi alcanzó los niveles de ostentación vistos en la Feria Mundial.
El edificio completo fue demolido en 1932 para expandir la Plaza San Martín en Retiro, ya que aparentemente mover el edificio dos veces no era una opción válida. La cuestión es que la mayoría de los edificios de las expos estaban diseñados para ser demolidos (si, incluso la Torre Eiffel iba a ser demolida) así que el Pabellón tuvo suerte de durar tanto tiempo.
Dato interesante: Existieron una serie de pabellones construidos para el centenario en Buenos Aires, que fueron igual de impresionantes al de Plaza San Martín y que fueron todos demolidos, salvo uno, que se encuentra abandonado y atrapado entre la mezquita y un supermercado Jumbo en la Avenida Intendente Bullrich en Palermo.

Teatro y Circo Coliseo (Demolido en 1942)
Abriendo sus puertas como circo en 1905 y volviéndose un teatro en 1907, el Coliseo competía con otros teatros del nivel del Teatro Colón en el entretenimiento de los porteños de aquel tiempo. Más allá de esta impresionante estructura, el teatro es famoso por ser el lugar donde se realizó la primera transmisión de una performance musical por radio de la Argentina, transmitiendo la opera de Richard Wagner Parsifal en 1920.
Para 1937 fue comprado por el gobierno italiano para albergar allí el consulado. Pero los planes fueron suspendidos con el inicio de la Segunda Guerra mundial. 
Para 1942 el edificio fue demolido para albergar el consulado, pero dado la inestable economía de Italia volvió a ser un teatro en 1961, aunque con un diseño completamente diferente.
El Nuevo Coliseo aún funciona y se encuentra en el mismo lugar donde estaba el antiguo, en Marcelo T. de Alvear 1125.

Casi todo Belgrano
Si uno se desvía de las transitadas avenidas Cabildo y Luis María Campos, encontrará una pequeña cápsula del tiempo en la serie de residencias privadas construidas por los inmigrantes Belgas, Británicos e Italianos, entre otros, que trajeron sus propios estilos arquitectónicos a la ciudad.
Estos edificios normalmente se encuentran encajados entre torres de edificios que comenzaron a reemplazarlos en la última parte del siglo XX, pero nos muestran una pista de cómo fue alguna vez el barrio: un suburbio que parecía encontrarse a millones de kilómetros de la ciudad a la que pertenecía. Aunque estos cambios dramáticos no son exclusivos de Belgrano, es aquí donde es más evidente la falta de regulaciones de construcción y conservación, con gran cantidad de pequeños tesoros (cada uno más impresionante que el anterior) perdidos para siempre a manos de las inmobiliarias.

Palacio Ortiz Basualdo Anchorena (Demolido en 1969)

Construido en 1909, durante lo que muchos consideran el cénit de la arquitectura Argentina, el edificio fue una de las residencias de la poderosa familia Anchorena, la que aparece en el Martín Fierro como un ejemplo de las burguesías terratenientes de Buenos Aires. Fue uno de los tantos hôtel particulier que se construyeron, entre otros como el Palacio Errázuriz Alvear sobre la Avenida Libertador (hoy Museo de Artes Decorativas). Estas familias perdieron sus riquezas, como era común, a través de las diferentes herencias, desapareciendo de los anales de la historia. El edificio fue heredado a dos parientes, con uno de ellos decidiéndose por vender el edificio a las inmobiliarias, que lo demolieron. La otra mitad se mantuvo en pie hasta 1969, cuando fue demolida. En su lugar se encuentra hoy día un poco imaginativa caja de vidrio junto a la Plaza San Martín, rodeado por los más afortunados Palacio Paz y el antiguo Ministerio de Relaciones Exteriores de la Argentina.

Traducción de Historia Digital. Puede verse el artículo original siguiendo este link

1 comentario:

  1. Varios errores en la última parte de la nota - nada tuvieron que ver los Anchorena con la construcción de la casa Ortiz Basualdo en la plaza San Martín, en la media manzana delimitada por Basavilbaso, Arenales y Maipú. Terminada en 1904 (y no en 1909) por el arquitecto Jules Dormal, por encargo de Magdalena Dorrego de Ortiz Basualdo, eran dos viviendas independientes dentro de un mismo cuerpo, con entradas por Arenales y Maipú. Esta última fue ocupada por Carlos Ortiz Basualdo Dorrego, hijo de la constructora, y su esposa Matilde Anchorena Castellanos, quien enviudó en 1910, casándose años después con François Verstraeten. "Ortiz Basualdo Anchorena" eran los hijos del primer matrimonio, por lo que es un disparate llamar así a esta casa.

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